
del arquitecto / pasion y rigor
RELATANTE URBANA
El arquitecto es aquel que es capaz de desentrañar las señales compositivas del espacio estAbleciendo un lenguaje propio que varía según su realidad. Es un sujeto extraño que a pesar de caracterizarse por su pasión debe poder combinar los dos hemisferios de su cerebro logrando el equilibrio complementario entre el arte y la razón. Asimismo, es aquel responsable de transmitir la libertad del sentir y la construcción de sinestesias espaciales mediante la especulación formal y el cuestionamiento de lo establecido.La arquitectura no puede basarse en estereotipos, representaciones o imposiciones culturales; debe desafiar los esquemas, generar sensaciones y emanar poética que atraviese a los usuarios y les lleve algo de identidad dentro de este gran rizoma en el que parece haberse convertido el día a día. El arquitecto tiene la misión de reconfigurar modos de vida mientras soluciona problemáticas reales y establece nuevos vínculos entre el hombre, el espacio y la cultura.
¿Qué es ser una relatante urbana?.... ¿Quién podría en algún momento autodenominarse de tal forma? Puede que sea por efectos del frio o la falta de sueño, o quizás ya hay demasiada Coca-Cola corriendo por lo que solía ser mi “sistema sanguíneo”… ¿Sanguíneo? Sí, es la misma sustancia que compone la calle, un plasma etéreo que mientras es atravesado por los transeúntes se transforma, muta e infiltra inevitablemente nuestros sistemas, estados de ánimo, ideas y actuaciones.
Cuando se camina la ciudad, sus pasajes, parques, puentes y esquinas irrigan información al torrente sanguíneo que es registrada hábilmente junto con las señales del entorno y los elementos que a su paso envían todo tipo de estímulos a los rincones más remotos del organismo para que éste en respuesta determine en menos de una milésima de segundo los protocolos de comportamiento más adecuados para cada caso. El torrente sanguíneo de un relatante urbano es por el que fluye la adrenalina al encontrar una sombra que sigue demasiado cerca a la propia y en el que se generan las reacciones químicas más violentas al enfrentar las historias de las personas, el tráfico, la falta de espacio y movilidad en los sistemas de transporte público y en su defecto la falta de significación de los limitados espacios públicos.
Apesar de todo, todavía no he recurrido a ningún tipo de antígeno en lo que respecta a mi trabajo como relatante principiante. De hecho, no era una opción ni en esa, ni en ninguna otra dimensión. Siempre preferí esperar y resistirme con demencia a la inmunización de mi organismo para no perder la comprensión admirativa de las cosas y los casos; después de todo nadie quiere acabar con anticuerpos que destruyan su cuerpo o combatan la propia pulsión vital.
Al recorrer espacios y situaciones a menudo tan diferentes y chocantes he tratado (sin éxito) de desentrañar el entramado de tan imbricadas realidades, del mismo modo en el que las escamas de los pescados se superponen a las demás y descifrar porque unas priman sobre otras.
La cotidianidad no es cosa para solucionar en un día,,, Y es que en un día se puede absorber tanta información como para que cualquier loco vuelva a la “lucidez” y pierda tan exquisito placer por el que cambio su cordura. Así pues, lo que tratare de explicar es como toda ciudad dosifica a sus moradores lapsus de fascinación e indignación que alternados establecen infinitas formas de habitar en tan complejos organismos a los que llamamos ciudad.
07/08/2013